Desde el momento en que el primer hombre puso un pie en la tierra, advino con él la inquietud por la identidad. La historia de la cultura, la religión y la filosofía nos enseña que desde antaño el interrogante por la naturaleza del hombre y por su lugar en el mundo, puede ser considerado como inseparable de la existencia misma. La actitud reflexiva y la necesidad de conocer y saber, para así poder asir el mundo y desarrollarse en él, se presentan como características inherentes al ser humano.
El cuerpo siempre ha funcionado como laboratorio, como soporte en el cual imprimir todas esas preguntas que por lo general siempre terminan por colocar al plano sensacional y físico en un segundo lugar. El cuerpo, la mayoría de las veces, es considerado como representación de algo más profundo. De esta concepción, se desprenden una serie de binomios que han recorrido los tiempos y la historia del pensamiento, entre otras: razón/sensibilidad, bien/mal, materia/esencia, cuerpo/alma.
Las preguntas por la identidad y entidad del hombre son el motor de Dỳnathos. La oportunidad de encontrarnos desarrollando una práctica, determinada en un tiempo y un espacio, con características y lenguaje propios, nos brinda la posibilidad de vislumbrar que no podemos separar nuestra forma de practicar de nuestra forma de obrar en cualquier ámbito. Somos uno y cada ejercicio desarrollado en la práctica concreta de Elongación, así como toda actividad que emprendemos, nos devuelve un signo que representa nuestra forma de ser y experimentar.
Dỳnathos es el emblema de una forma de ser en el mundo. Proponemos trascender los 180 grados que nuestra visión óptica nos permite, para acceder a una contemplación sin límites. Buscamos trabajar persiguiendo la incógnita y haciendo pie en cada hallazgo.
Del entramado de lo abstracto y lo concreto, lo físico y lo intelectual, de la integración de lo visible y de lo que no es tan fácilmente perceptible, nace Dỳnathos: un espacio en el que no hay lugar para binomios ni polaridades.